sábado, 31 de marzo de 2007

DICTADURA MILITAR (PRIMERA PARTE)



Todo tiene principio y final. Todo final conlleva otro inicio. Sin embargo, en la Argentina hace 31 años, los ciudadanos creían que no habría otro comienzo. Las calles estaban teñidas de sangre, la gente moría sin razón, el temor se apoderó del país. Los medios de comunicación podían hablar sólo de lo que se les permitía, los cantantes de rock tenían prohibido expresar sus ideas; otros, los más valientes que protestaban ante este sistema eran exiliados. Esta época duró desde 1976 hasta 1983 y dejó como saldo 30 mil personas desaparecidas. Los militares lo llamaban “Proceso de Reorganización Nacional”, en realidad era una dictadura, una de las peores a nivel mundial.

El país se encontraba en crisis sindical, había inflación y violencia constante. Hasta ese momento era gobernado por Isabel Martínez de Perón. A la una de la madrugada del 24 de marzo -1976-, Rogelio Villareal le informó que por decisión de la Junta Militar, las Fuerzas Armadas tomaban el control del país y quedaba arrestada.

A las 3:20 hs. se suspendieron los programas de radios, reemplazándolos por marchas militares, para comunicar al país la nueva forma de gobierno.

El objetivo inicial era el de salvar la Nación. Para ello el comandante en jefe del Ejército, jorge Videla junto al Almirante Emilio Masera y el brigadier Orlando Agosti tomaron el poder, disolvieron el Congreso, crearon la ley marcial* y dispusieron que la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea formarían parte del futuro gobierno con igual participación dando así, comienzo a una exterminación donde las víctimas eran los ciudadanos.

Primeras determinaciones

Los accionares del nuevo gobierno fueron, entre otros, suspender todo tipo de actividades políticas, intervenir sindicatos, quitándoles los derechos a los trabajadores, censurar los medios de comunicación; realizaron la conocida quema de libros y textos denominados por ellos mismos como peligrosos. Además, clausuraron locales nocturnos, prohibieron canciones con mensajes “ingratos” al igual que las huelgas, intervinieron la CGT y la Confederación General Económica. Los hombres a partir de entonces, debieron tener el pelo corto, mientras que las familias no podían efectuar ningún tipo de reuniones donde se concentren muchas personas.

Censura

Desde el momento en el que el gobierno fue tomado, la prensa sufrió interminables represiones, dadas a conocer por medio del comunicado Nº 19, el mismo 24 de marzo:

“Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”.

El gobierno militar era denominado por los artistas “genocidas de la cultura”. El “Proceso de Reorganización” estuvo a cargo de realizar una quema de todo libro catalogado como subversivo. Una de las destrucciones culturales más grande se realizó el 29 de abril de 1976 y los libros destruidos, entre otros, fueron las obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano, etc.

La censura con la música fue menos determinante, se prohibían cierto tipo de géneros, como por ejemplo el folklore o el rock nacional. Los cantantes que conseguían permanecer lo lograban utilizando metáforas en sus canciones y, de ese modo, podían burlar el sistema de represión cultural.

Los subversivos

Así eran llamadas las organizaciones guerrilleras, activistas y simpatizantes de movimientos de protesta.

Uno de estos grupos fueron los “Montoneros”. Era una organización armada argentina, sus acciones se realizaron mayormente entre los años 1970 y 1977.

Los montoneros se unieron con el objetivo inicial de lograr el desequilibrio y la derrota de la dictadura del año 1966 (Juan Carlos Onganía 1966-1970; Marcelo Levingston 1977-1971; Alejando Lanusse 1971-1973 y, por último, el General Perón).
Durante los primeros años –desde 1970 hasta 1974- contaron con el apoyo de grandes sectores populares hasta que el primero de mayo del mismo año se produjo un enfrentamiento público con el entonces presidente Juan Domingo Perón. Desde entonces sufrieron de un gran rechazo de parte de la sociedad y los sectores sindicales y políticos del peronismo.

La finalización del grupo llegó con el nuevo gobierno militar.

Crímenes cometidos por “montoneros”
http://ar.geocities.com/victorbevi/hechos_de_violencia_de_montonero.html

Los desaparecidos

Así se llamaban a quienes fueron secuestrados y, posiblemente, asesinados. El destino de esos ciudadanos era totalmente incierto, desaparecían como si nunca hubieran existido.

Los secuestros se realizaban generalmente a altas horas de la noche. Un grupo de personas, generalmente militares, ingresaba al domicilio de quienes buscaban apropiándose del sospechoso/a y de todo aquel que se encuentre en el lugar.

De allí se dirigían hacia alguno de los centros clandestinos. Y pasaban a ser miles de hombres, mujeres y niños de distintas edades y ocupaciones. Los porcentajes de desaparecidos fueron los siguientes:

Centros clandestinos de detención

En estos lugares famosos para la población - ESMA, el Vesubio, El Garaje Olimpo, El Pozo de Banfield, La Perla o el Comando del V Cuerpo de Ejército- se llevaban a los detenidos para torturarlos y asesinarlos.

Se estima que en total hubo 610 centros de detención. Todas las dependencias tenían una estructura en común: una zona de interrogatorios y torturas y otra donde alojaban a los secuestrados o “chupados”, según los represores.

Alicia Partnoy recuerda el horror vivido en “La Escuelita”, así se conocía al campo de detención que funcionaba en el V cuerpo de Ejército.

Nos cuenta que fue detenida por personal del Ejército casi al mismo tiempo que su esposo, Carlos Sanabria, el 12 de enero de 1977. Durante más de cinco meses estuvieron en condición de desaparecidos para sus allegados. En ese tiempo fueron víctimas de las peores torturas, tales como golpes continuos, humillaciones, picana (un instrumento con el que se transmite electricidad), condiciones de vida infrahumanas, sumergían a los prisioneros en una especie de aljibe durante horas.

“Constaba de dos habitaciones donde se encontraban las camas cuchetas en las que permanecíamos acostados los prisioneros. Cuando llovía, el agua caía a chorros dentro de las piezas, empapándonos ya que no nos podíamos mover. El piso de esas habitaciones era de madera, con huecos y roturas; las paredes amarillentas y las ventanas, altas y con rejas coloniales tenían postigos verde oscuro. Siempre espiando por debajo de la venda podía ver desde mi cama la inscripción A.A.A.”

En las próximas entregas analizaremos la desaparición y muerte del periodista Rodolfo Walsh, la apropiación ilegitima de bebés y la creación de los grupos “Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”e “H.I.J.Os”, para poder comprender por qué para los argentinos cada 24 de marzo es un día triste y gris, aunque el sol brille.

1 comentario:

parapiti pora dijo...

PARAGUAY: VIDELA SÍ, CHÁVEZ NO
Mientras en los países de la región los Derechos Humanos y la libertad de pensamiento van ganando terreno e incluso sirven de plataforma a los políticos para captar votos, los émulos del senador Mc Carthy en Paraguay, capitaneados por el propietario del diario ABC color Aldo Zucolillo, han retrocedido medio siglo en el tiempo que mide el contexto internacional, en un país en el que sólo basta alejarse unos 15 kilómetros de la capital para volver del mundo contemporáneo a la prehistoria, pasando por el modernismo, la edad media y el mundo antiguo. Es lo que se deduce del desmesurado espacio que vienen dedicando a satanizar a Hugo Chávez y a su política exterior, llegando al extremo de escrachar con fotos e infografías a supuestos simpatizantes paraguayos de la revolución bolivariana.
Nada más natural en un medio donde los políticos que hablan de derechos humanos pierden intención de voto entre el electorado, y la popularidad sube cuando más mano dura prometan.
Para honrar la memoria, debemos puntualizar que no siempre la prensa paraguaya se mostró tan susceptible a las amenazas a las libertades públicas de la región, sobre todo en tiempos en que los dictadores se asemejaban más al prototipo promovido desde el norte que a sus propios pueblos. Nadie se escandalizó en el periodismo libre cuando el General Alfredo Stroessner visitó Venezuela en junio de 1957 para estrechar vínculos con el dictador militar del país caribeño, General Marcos Pérez Jiménez, en tiempos en que ambos subproductos de la política exterior estadounidense concedían graciosamente tajadas del espectro radioeléctrico a sus adulones. Para que no queden dudas sobre el carácter marcial de su visita, Stroessner se alojó en el local del Círculo de las Fuerzas Armadas de Venezuela, en Caracas.
Un par de décadas más tarde, un 20 de abril de 1977, era recibido por Stroessner con los honores correspondientes, el Teniente General Jorge Rafael Videla, quien llegaba al Paraguay acompañado de su esposa Alicia Raquel Hartidge. A la noche se llevó a cabo una recepción de gala en el Palacio de Gobierno de Asunción, donde no faltaron los pundonorosos y austeros luchadores por la libertad de expresión, que aún no habían sido seleccionados por la embajada norteamericana como propagandistas de la democracia tutelada. Es conocido que la National Endowment for Democracy , la USAID y la CIA se abocarían a fabricar entre ellos a bien remunerados disidentes y “luchadores por la democracia” en el crepúsculo del régimen militar paraguayo.
Al conocerse a principios de marzo en Asunción la próxima visita de Videla, ABC color publicaba su recordado editorial donde criticaba al presidente Jimmy Carter por su énfasis en la promoción de los Derechos Humanos y defendía al proceso argentino sentenciando que al presidente norteamericano le era muy fácil pontificar lejos del problema. Por las mismas fechas eran apresados en Asunción Alejandro José Logoluso y Marta Landi, entregados a los sicarios de Videla por las fuerzas represivas paraguayas. Los grupos de tareas de Pastor Coronel tampoco se apiadarían de José Nell, paralítico desde que recibió una bala en los disturbios desatados en Ezeiza por el retorno de Perón.
El 28 de enero de 1999 Hebe de Bonafini pidió a Baltasar Garzón que solicite la extradición del dictador Stroessner, presentando documentos tales como una ficha policial de la Dirección de Registro de Extranjeros paraguayos de la desaparecida argentina Dora Marta Landi Gil, que está fechada en Asunción en marzo de 1977; una tarjeta del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social de Marta Landi, que está registrada en Asunción el 10 de marzo de 1997; y un informe de la policía de Asunción, donde se notifica que Marta Landi (argentina), Alejandro José Logolusso (argentino), José Nell (argentino) y otros han sido expulsados del país. Este informe policial está fechado el 16 de mayo de 1977. Entre los documentos, también destacan un registro de vuelo en el que se acredita que, el 16 de mayo de 1977, el capitán de corbeta José Abdalá, (alias Turco) trasladó a Landi Gil y a su compañero, Alejandro José Logolusso, de Asunción a Buenos Aires.
El destino de todas estas personas, embarcadas en el vuelo del que jamás regresarían, con seguridad poco importan a Zucolillo y otros paladines de la democracia sin chavismo, ayer tan ocupados en recibir las mieles de la proximidad al poder dictatorial, como hoy en sostener su autocomplaciente y fantasmática reputación democrática, aún al precio de buscar sombras en el cuarto oscuro de su conciencia. LUIS AGÜERO WAGNER.

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